PRESENTACIÓN
Ante todo quiero presentar esta compilación de mi música y mi poesía señalando un aspecto vivido, y también “tal vez” también sufrido, por muchos de mis colegas profesores en cualquier momento y época de su ejercicio docente. Es cierto que nuestra función primera e ineludible es el compromiso con la enseñanza, sea esta de cualquier nivel, categoría y hasta intención; esto es productiva, creativa, retórica, constructiva, mecánica o como sea; pero
también cierto es que ante cualquier circunstancia de la vida, ya no solo en el trabajo, no dejamos de ser seres humanos con todas las vicisitudes que esto entraña. Por qué iniciar con esta idea, muy sencillo, porque al pensar sobre este asunto es que se entiende fácilmente la intención de la presente publicación. Como ser humano cualquiera que soy, me alimento cotidianamente del diario existir; ya en las aulas se tiene la gran oportunidad de vivenciar cientos de emociones y situaciones durante la interacción con los alumnos y compañeros de trabajo, pero también en las afueras de la escuela, con la familia, con la pareja, los hijos, los hermanos, en la calle y en cualquier lugar común y corriente, se tiene la maravilla de alimentar la fantasía, el pensamiento, la inspiración.
Algunas veces he llegado a comentar con algunos amigos la tristeza que puede embargar a los profesores cuando algunos alumnos (que no todos), elaboran una percepción muy propagada, pero también muy equivocada, de la figura del docente; para ellos pareciera que somos como una especie de libros de consulta, pero enmohecidos y encerrados de por vida en un sitio fijo y estático, como en una biblioteca; esto es, la escuela misma. Y esos libros al no tener un contacto aparente con situaciones cotidianas y del diario existir, parecen no tener entendimiento de cualquier asunto que implique más allá de un conocimiento retórico propio del ambiente escolar; en consecuencia, los Profesores no se deleitan con aquellas expresiones el mundo exterior que les circunda, si es que éstas no tienen que ver con aspectos intelectuales relevantes, o con un conocimiento de alto nivel y profundidad.
Y aunque es cierto que pueden encontrarse Docentes que tienen un criterio muy selectivo en torno a las actividades que realizan fuera de la escuela, y que por igual su estilo de vida va en la misma línea de su actividad profesional; también es innegable, que después de la escuela, una gran cantidad de Profesores volvemos a ser seres comunes y cotidianos insertos en el devenir de nuestras relaciones familiares y de todas aquellas circunstancias que nos acercan a lo que está más allá de los anaqueles de una biblioteca.
Para ilustrar un poco esta situación a modo de ejemplo, les relataré una pequeña anécdota. Hace ya algún tiempo, casualmente escuché una conversación entre mis alumnos sobre un cantante de moda, y que era de gusto juvenil, lo que automáticamente lo ubicaba dentro de la preferencia de la cultura adolescente; fue entonces que hubo un error en la información de una de las canciones a la que se referían, era respecto al autor de dicha melodía. Al ver que los alumnos entraban en una polémica me atreví a intervenir y entonces hice la corrección. Estuve en la posibilidad de indicarles quién era el autor de la melodía: Eros Ramazzotti, entonces fue que dos de ellos alzando levemente las cejas y sorprendidos me dijeron que si “a poco” a mi me gustaba ese tipo de música, comentando después que era demasiado extraño que a un profesor le gustara la música “comercial”, y más aun la que era de agrado de sus alumnos. Pero de forma aun más sorprendente, uno de sus compañeros los interrumpió antes de que yo pudiera contestar algo y entonces replicó: “que tiene de extraño, el también es un ser humano”.
Se podría creer que este es un ejemplo aislado y poco común, pero puedo asegurar que es una situación bastante frecuente y que no solo se circunscribe al ámbito de la música, sino hacia todo aspecto general de la vida que por supuesto no involucre directamente el asunto de la enseñanza y el aprendizaje. Desde un asunto relativo a la moda de ropa, hasta cuestiones domésticas y manuales. También recuerdo una ocasión en que tuve que fijar algunos cuadros en el Laboratorio de Psicología y cargue con mi taladro y herramientas, y fue tanto curioso como incómodo, como algunos alumnos al pasar me veían como si fuera un extraterrestre o algún bicho raro. En fin, sería fácil dedicar páginas enteras para explicar un asunto que como alumno, profesor o persona común y corriente, se ha vivido como experiencia propia aunque sea una sola vez. Por eso es que presento esta compilación para compartir gustosamente una de mis cuatro más grandes pasiones: la música y poesía. Las otras tres sin distinción de rango: mi trabajo (la docencia), la mujer (sobretodo a la que se ama, a la que ríe con pureza) y mis hijas. También por estas tres últimas pasiones existe este trabajo porque ellas son las que alimentan mi espíritu y mi creatividad. Además a quién no le gusta cantar, soñar, recordar, amar…
Sobretodo recordar, ya es común el adagio que dice que recordar es vivir, pero no solo eso, también es saberse reconocer en el pasado, es evaluar el modo es como nos hemos construido y valorar aquello que ha impreso fuerza y dirección en lo que hoy nos caracteriza y nos define como individuos. Es curioso notar que cuando uno crece los recuerdos se vuelven en el pensamiento una necesidad para descubrirse en el pasado. A pesar de que conservo la juventud, en pensamiento, en espíritu, mi memoria a veces parece
sugerir lo contrario, en cierta medida los recuerdos envejecen con el tiempo, pero no es el tiempo el único testigo mordaz de esa ironía existencial; también es testigo y responsable el cambio natural, o tal vez no cambio sino la evolución del propio ser. Cuando recuerdo con facilidad mi adolescencia, me siento sumergido en un sueño lleno de bruma, donde parece que solo ha sido una expresión obnubilada de hechos varios que no tienen consistencia material en mi presente. Hay veces que uno desearía cambiar su presente por haber comprendido su pasado; pero el pasado es como el amor pasional que solo transcurre en un momento, en una época, para después darle paso a la melancolía del amante que solo recuerda la fugacidad de su sentimiento, como el viento de otoño que recoge las hojas una vez en un año. Y es por eso que a veces la fantasía juega a “corregir”, a redimensionar la vida por medio de una canción, de la poesía; es como si se volviera el instrumento con el cual se puede descargar todo lo que pudo haber sido; pero asimismo, también permite planear y proyectar lo que puede llegar a ser; o bien puede ser el camino más bello y suave para dirigir las emociones, las vivencias, toda la energía de nuestro presente.
Pero pensar en cambiar lo ya vivido, sería tanto como no amarse en este tiempo, es denotar que por haber vivido el pasado hoy podemos hacer reflexión de nuestro presente, puesto lo que nos da un estilo de vida, una forma de pensar y de razonar, es precisamente todo lo que hemos vivido; es muy simple, si alguna vez tuviéramos la oportunidad de cambiar el pasado, sucedería que no podríamos reconocernos en este presente porque jamás seríamos los mismos, las experiencias modificarían nuestra línea de tiempo y de vida.
Así pues, les brindo este esfuerzo que puede parecer ruidoso de repente, incomprensible o innecesario (algunos dirán que es mejor solo dar clase); empalagoso o cursi como un algodón de azúcar, melancólico y rebelde como mi necesidad de amar todo el tiempo, repetitivo y cansado como mi búsqueda necia de intentar todo el tiempo nuevas alternativas, o para algunos hasta romántico y sereno como me agradaría que fuera para todos, pero cada quién decidirá y juzgará. ¡He aquí pues, parte de mis sentidos y sentimientos, parte de mi vida y razón!
Para Ustedes suyo de palabra y pensamiento, Rubén B, P.
