Mis canciones, mi poesía...

Mis canciones, mi poesía...


En los pensamientos nos reuniremos, a través de la música seremos.

PRÓLOGO

Especialmente cuando se escribe se busca afanosamente esa voz interna e imaginaria que permita organizar la narración y así poder crear, ordenar, inventar, describir, fabular, adornar y dosificar lo que se quiere decir o contar.

Cada palabra, cada concepto, cada metáfora obedece a una intención que proviene de obscuras zonas de la historia de quien escribe para infundir una experiencia en quien lee y ligar una sensación entre el exterior y la interioridad del ser. Pero sí algo hay que resaltar aquí es que la voz que se escucha en el relato me relata entre sus líneas, me descubre y me invita a coexistir a través de lo simbólico. Lo simbólico prueba mi existencia. Escucho la palabra luego existo.

Esta determinación simbólica a la que nos conduce la literatura acerca al escritor y al lector a una zona común. La tópica de la verdad y universalidad de la condición humana. Lo simbólico trasciende y penetra las capas de la historia y su metamorfosis es una suerte de mito, leyenda, fábula, poesía, novela, cuento, verdad, mentira, amor, odio, cordura, locura, miedo, celos, muerte y deseo. En ésta barca todos estamos, todos cabemos y todos nos reconocemos.

La poesía que nos presenta Rubén Barajas Palomino proviene y obedece fielmente a lo simbólico de la experiencia humana. Y es a partir de esta constelación de lo simbólico que deseo intentar una apreciación del material poético de Rubén.

Todo cuando es proceso dinámico, como la vida misma, no puede reducirse a un solo nivel descriptivo. La voz que resuena en la poesía de Rubén no es una voz impostada, es una voz fiel asimismo. Y es por eso que es posible una aproximación por signos externos a su vida interior. Pero debo afirmar que no deja de ser una aproximación, ya que su poesía contiene imágenes reflejadas en espejos paralelos que nunca se pueden comprender de un modo único.

Veamos algunos ejemplos de su poesía que parten de una estructura romántica y sutil, conduciéndonos por ese sendero de intimidad, compromiso y pasión que recorren los amantes día tras día, llenando los espacios vacíos de la imaginación.

“de tu fuente fresca toda el agua sobre mi”.

Una cascada existe en virtud del mito de renacer, o del cambio continuo de la vida. Con esta metáfora Rubén nos acerca a la interpretación de contenidos inconscientes y a una arquitectura subterránea monumental, como todo lo que construye el inconsciente. Es aquí y en esos niveles de capas profundas del psiquismo que se encuentran los contenidos objetivos que ya no se pueden observar directamente sino que están ocultos bajo formas simbólicas.

La poesía de Rubén tiene la facultad de hacer experimentar algo y, cuando eso sucede, tenemos una buena indicación de que la dinámica del inconsciente colectivo se está animando a repetir el mito: a la muerte de Alope, Poseidón transformó su cuerpo en una fuente llamada Alope… para verla renacer.

Lo que no se observa directamente se puede percibir a través de numerosas imágenes, mitos y acontecimientos que entran por la conciencia pero para simbolizar el deseo permanente de la vida. Veamos otras metáforas en la poesía de Rubén:

“Ese vientre tibio que se estremece cuando lo invado
significa atrapar tu voz en susurros”

La imagen reflejada en mi psiquismo no es preciso describirla. Sin embargo, cuando las pulsiones hallan su camino en el cuerpo del ser amado, la represión hace acceder a la simbolización, es decir, cuando el apaciguamiento directo cuerpo a cuerpo no es posible, entonces es cuando la pulsión se abre paso en la satisfacción de expresiones vocales, mímicas y gestuales. Aquí el código del lenguaje es vocal, pero, comunicación plena.

Los amantes cuando se invaden, se penetran: se asesinan. Hay una renovación del rito milenario del sacrificio en el momento que te invado para morir contigo, en el instante del susurro.

En su poesía también se ve la vida pasar con un toque de melancolía: “la arena de la vida en mis manos”. …“el filo seco de la razón”, lo desequilibra: …“y si no tengo más que mi locura”. Y como todo ser sensible, se pierde en el laberinto que representa la mujer: “estoy perdido en este momento…”ante el silencio terso de tu piel”.

La poesía de Rubén nos invita a detener el paso, bajar el velíz a tierra después de un largo viaje y, entonces, en ese momento, nos hace recordar
II nuestra condición humana. Ese secreto que guardan los seres en la piel de la historia, en sus templos, en sus ruinas, en sus habitaciones, en la penumbra de la calle, en sus cantos, en sus oraciones, en su embriaguez y sobriedad. Reconocer en suma, que somos animalitos asustados en la inmensidad del universo y que cada mañana nos morimos por amar y ser amados.

Mientras tanto, las pupilas guardan lo que Rubén propone en su poesía, imágenes de un pasado que lo tienen atrapado con los colores del amor, de la amistad, de la paternidad. Valores que como andanada de flechas en cuerpos desnudos nos recuerdan la pasión con la que se debe vivir la vida.



Eduardo Vázquez Paredes

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